Envejecimiento y adultos mayores

El envejecimiento es un proceso que vivimos a lo largo de nuestra vida, pero solemos hacernos conscientes de esto cuando pasamos la frontera de los cincuenta años. Para las mujeres, la menopausia es un mensaje contundente; y para los hombres, es el deterioro de su estado físico el mensajero de que algo no funciona igual que antes.
No existe un fenómeno fisiológico que determine una edad para establecer cuándo comienza la tercera edad. Sin embargo, entre los primeros síntomas del envejecimiento, están la acumulación de grasa en las arterias y el deterioro de los cartílagos que recubren las articulaciones de las rodillas.
Aunque estos cambios pueden ocurrir incluso desde los veinte años, en nuestra sociedad las políticas de protección por envejecimiento van dirigidas únicamente a los adultos mayores.
¿Quiénes son los adultos mayores?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en países desarrollados son las personas de sesenta y cinco años o más, y en países en vía de desarrollo, como Colombia, de sesenta años en adelante.
Dado que el envejecimiento puede presentarse más temprano a causa de circunstancias desfavorables como el desplazamiento, la violencia o la pobreza extrema, quienes viven en este tipo de entornos llegan a la tercera edad a los cincuenta y cinco años.
Esta clasificación busca la protección diferenciada de los adultos mayores; así, en poblaciones vulnerables se aplican, con mayor despliegue, políticas públicas en salud y seguridad social para ellas y ellos.
El arte de atender problemas médicos complejos
La geriatría es la rama de la medicina dedicada, por una parte, a prevenir los riesgos del envejecimiento, y por otra, a atender situaciones clínicas, terapéuticas y sociales de los adultos mayores. El enfoque humano incluye factores que permitan conservar o elevar la calidad de vida, para lo cual son determinantes los niveles de independencia y autonomía, es decir, la capacidad de tomar decisiones y actuar.
En esta población los pacientes pueden experimentar dolores agudos o enfermedades crónicas, estar en rehabilitación de cirugías o tratamientos, o encontrarse en una situación terminal en la que se enfrentan a duelos anticipados. En la mayoría de los casos, se trata de circunstancias complejas que afectan profundamente, no solo a los adultos mayores sino también a sus familias y cuidadores.
Mientras la medicina preventiva se enfoca en situaciones de salud reversibles, la medicina geriátrica busca dar el mejor tratamiento posible a las condiciones irreversibles del envejecimiento.